Uber y nuestras cooperativas de taxis y remises

30 October 2016

En los últimos días se desató una polémica mediática entre las asociaciones que representan a los taxistas y una empresa multinacional norteamericana que desarrolló esta aplicación para facilitar el transporte por medio de automóviles particulares. 

Por Alberto Subiela

Esta aplicación estaría permitiendo que el traslado de pasajeros sea realizado por personas particulares, que no tienen ninguno de los controles que sí se hacen sobre los taxistas, con vehículos que tampoco cuentan con las medidas de seguridad que por norma deben cumplir taxis y remises. Desde este punto de vista la cuestión no resiste el menor análisis. Sin embargo, lo que hace atractiva esta aplicación es la agilidad que le da la tecnología. El usuario y el chofer deben tener teléfonos inteligentes tipo Smartphone, los cuales vienen equipados con GPS. Así la aplicación contacta automáticamente al posible pasajero con el vehículo más cercano que rápidamente “levanta” al pasajero.  La otra cuestión que facilita el uso de este servicio es la posibilidad de pagar con tarjeta o con otros medios de pago.

En la ciudad de Buenos Aires el sistema ya está empezando a funcionar, e incluso un juez de instrucción ya declaró que “no existe delito” en el ejercicio de esta actividad, ante la presentación de asociaciones de taxistas que denunciaron a los choferes de esta aplicación por asociación ilícita.

La forma en que estos hechos entraron a la polémica en la opinión pública nos recuerda tiempos no tan remotos en que se consideraba que todo lo que venía “del primer mundo” era maravilloso, era el progreso, y había que adoptarlo sin más trámite. Ese fue el clima de ideas que predominó, por ejemplo, en la época de las privatizaciones, cuando abiertamente, incluso desde el propio gobierno de los noventa, se nos machacaba que, para que las cosas funcionaran bien, debían estar en manos extranjeras. Ya sabemos cómo terminó esa historia: el estado tuvo que volver a hacerse cargo de Aerolíneas Argentinas, Aysa, YPF y otras empresas, que los eficientes administradores extranjeros estaban llevando al borde de la quiebra.

Algo que siempre sostenemos desde Las voces, y lo volvemos a recordar, es que en muchos pueblos y ciudades de la Argentina no fueron necesarias las privatizaciones para que la sociedad acceda a la más alta tecnología, ya sea en el tema de las comunicaciones, la energía eléctrica, y otros servicios. Fueron las cooperativas, las que protagonizaron la revolución tecnológica de internet, brindando servicios, por lo menos, igual de eficientes que los de las multinacionales de las grandes urbes, pero más arriesgado, ya que las cooperativas se animaron a llevar esa revolución a áreas rurales de difícil acceso. Esta digresión viene a cuento porque el tema de esta aplicación informática para transporte de pasajeros nos generó la siguiente pregunta: ¿es necesario que venga una multinacional a llevarse dinero de los argentinos a su casa matriz en California, por hacer el trabajo de los taxistas? No es cuestión de caer en un nacionalismo chauvinista, sino de ver que tenemos los recursos como para desarrollar herramientas tecnológicas que brinden el mismo o mejor servicio que el de esta empresa estadounidense.

Entre los servicios de taxis y remises hay numerosas cooperativas. En Mar del Plata están Taxicoop y Remicoop como las más fuertes y representativas, aunque hay otras. Las cooperativas son empresas de capital nacional, administradas por sus propios asociados, y, además, empresas siempre pujantes que arriesgan y de gran vitalidad. Tal vez sería posible que en el país se pudieran desarrollar herramientas tecnológicas para dar más facilidades al servicio, haciendo innecesaria la intromisión de empresas extranjeras que, para peor, traen propuestas de dudosa legalidad. Las cooperativas pueden lograrlo.    

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