Día del Maestro: Sarmiento y el cooperativismo

06 Septiembre 2016

Sarmiento, además de todo lo que ya conocemos sobre su vocación por la educación y sus polémicas posiciones políticas, fue también un interesado en el cooperativismo, al que difundió a través de sus escritos, desde los mismos orígenes del movimiento.

Por Alberto Subiela

Ayer fue el día del Maestro, día instituido en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento. Ya se ha hablado abundantemente de este furibundo personaje. Sabemos que fue un apasionado de la educación. Sabemos que fue uno de los mayores escritores que hayan dado nuestras tierras, autor de uno de los mejores comienzos literarios de todos los tiempos: “Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo” (después de leer un comienzo así, no hay forma de abandonar el libro en un estante). Y relacionado con esto, sabemos también que Sarmiento odiaba a los caudillos, a los gauchos y a los indios, su idea de civilización implicaba educar al pueblo para que se parezca a las naciones europeas pero también implicaba colgar en las plazas públicas las cabezas de los llamados “bárbaros”, como ordenó hacer con el Chacho Peñaloza.

Conocemos las polémicas historiográficas, la historia oficial que nos enseñaron la Academia Nacional de la Historia y el Billiken, con su imagen de Sarmiento niño que nunca faltaba a la escuela ni en los días de lluvia, y las duras críticas del revisionismo histórico, desde donde Arturo Jauretche se dedicó a recordarnos que en San Juan jamás llueve durante el período lectivo, arruinando así la postal de Dominguito llegando empapado a clases.

Pero con todas estas polémicas y contradicciones encima, no cabe duda de que Sarmiento fue un hombre de un enorme conocimiento y curiosidad intelectual, y que no usaba su erudición solo como adorno o por elegancia, sino con el fin de elaborarplanes y proyectos para las naciones que se dedicó a construir, que dicho sea de paso, fueron dos: Chile y Argentina.

Entre todos los conocimientos que adquirió en sus viajes, tuvo oportunidad de tomar contacto con el naciente movimiento cooperativo europeo. En una ocasión, mantuvo largas conversaciones con Tandonnet, uno de los principales discípulos del reformador social Fourier, y quedó muy interesado por la búsqueda de soluciones para las graves consecuencias sociales que la revolución industrial estaba dejando en las poblaciones europeas. Hay que recordar que Fourier, Owen y Saint Simon tuvieron ideas que fomentaban el progreso social a través de la formación de comunidades autónomas igualitarias, que aunque ellos no pudieron llevar a la práctica, si lo hicieron las cooperativas que posteriormente se fundaron sobre sus principios.

Y otro interesante aporte de Sarmiento al cooperativismo se da en una serie de artículos que escribe en su periódico El Censor en 1886. Ahí muestra su preocupación sobre cómo conciliar el desarrollo industrial con el bienestar de la clase obrera “condenada por la oferta abundante a vegetar en la miseria, la degradación moral y la ignorancia bestial”. Y tras haber visitado en un viaje por el país algunas de las colonias y primeras cooperativas que en estado embrionario ya aparecían en el interior, destaca la contribución que estas podían tener para “embellecer la existencia de los trabajadores, por la compra al por mayor de los objetos de uso diario”. Es evidente que, en el otoño de su vida, el prócer tomaba conciencia de que el progreso científico, el libre comercio y el ferrocarril, las ideas que tanto había defendido como motoras del progreso, no podían llevar por sí solos un mejor nivel de vida a los pueblos de la nación, y que el cooperativismo podía ser una importante solución.

Hoy, tantos años después, cuando renacen las ideas liberales y la fe en que el progreso de unos pocos servirá para que luego se derrame hacia los demás, también es evidente que hay gente que se está quedando afuera. La educación es sin duda una necesidad imperiosa, pero también las cooperativas deben ser auxiliadas, para dar al hombre lo que más necesita: trabajo. Aunque el plan económico neoliberal alcance el éxito en sus proyectos de bajar la inflación y aumentar las inversiones, va a haber mucha gente a la cual esos beneficios no le van a llegar ni remotamente, y se corre peligro de que tengamos un país donde haya un cierto crecimiento económico pero con más pobreza aún, más inequidad, y por lo tanto más marginalidad y violencia. Por eso desde estas líneas rescatamos el pensamiento, no de un pensador nacional y popular, ni de un marxista, sino precisamente de un liberal como Sarmiento, con la esperanza de que los actuales liberales entiendan que las cooperativas de trabajo deben ser consideradas aliadas, para construir un país mejor.

Bibliografía: AA.VV. (1987) ¿Qué, quién, cómo, cuándo en el cooperativismo? Rosario, Ediciones Idelcoop.

 

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