Los tres reyes magos eran … iraníes

09 December 2017

En estos días en que la República de Irán vuelve a ser el eje del mal, no viene mal recordar que, por más que nos parezca una país lejano y extraño, tenemos algunas referencias culturales en común. En medio del desquicio informativo, un aporte más a la confusión general.

 

Cuando hablamos de Irán, la primera figura que se nos viene a la mente es la terrorífica imagen del ayatollah Komeini. Empecemos haciendo un repaso por todos los villanos malvados que atacaron a nuestros queridos Estados Unidos de América. El Pepe Stalin, daba un poco de miedo pero no tanto, Mao Tse Tung, Ho Chi Ming y el emperador Hiroito eran demasiado parecidos a los almaceneros del barrio como para dar villanos. Por más norteamericanos que seamos, el Che Guevara es nuestro y no se toca, y Chávez y Fidel, se puede decir que también son nuestros. Nos queda Osama Bin Laden, que parecía muy malo, aunque detrás de su disfraz de guerrillero de desierto se adivinaba el viejo play boy de la nobleza árabe. Pero Komeini daba miedo, con esa barba blanca y el ceño eternamente fruncido. Viendo esa cara, nadie dudaba de que las famosas “fatwas” o condenas, como la que emitió contra el escritor Salman Rushdie, eran de verdad.

Pero Irán no es solo Komeini. La imagen que muchos tienen de Irán como un desierto donde andan unos beduinos en camellos entre pozos de petróleo es falsa. Irán tiene el doble de habitantes que Argentina, y es una potencia industrial, comercial, además de petrolera.

En la Argentina casi no han llegado inmigrantes iraníes, salvo los susodichos de los que hablaremos más adelante. Tampoco conocemos muchas expresiones artísticas, a excepción del cineasta de culto Abbas Kiastorami, y el nombrado Salman Rushdie que ya es más europeo que iraní. También nos cuesta asociar al Irán actual con la antigua Persia, pero si  recordamos que Irán y Persia son lo mismo, se nos amplía el panorama, aunque no mejora su imagen porque en la famosa película “300”, otra vez los persas eran los malos. En esta línea de investigación, el juez Bonadío tendría en la mira a la banda de rock “Ciro y los persas”, como partícipes del vil encubrimiento.

De lo que no hay duda es que los primeros que vieron la estrella de Belén que señaló al mundo el nacimiento del niño Jesús, fueron tres iraníes. La astrología es originaria de la antigua Persia y era muy común que personajes considerados sabios o magos recorrieran los caminos del cercano oriente trasmitiendo su sabiduría y tal vez ganando algún módico estipendio, cuando a los poderosos les gustaba el mensaje que recibían de los astros. Melchor, Gaspar y Baltazar no eran Reyes, pero sí eran magos o astrólogos. Tampoco eran delatores, ni para decirlo en criollo, “buchones”, es admirable la pericia que muestran para engañar al Rey Herodes y no delatar la ubicación del  Hijo de Dios, al que habían alabado con sus regalos (ver Mateo 2, 1-12). La tradición sigue viva y todos los 6 de Enero esperamos con ansiedad la visitas de estos queridos iraníes.

Pero seguramente Zarathustra, (o Zoroastro castellanizado) es el más importante de los iraníes, creador de una religión y una filosofía de una enorme riqueza, que fue retomada por los pensadores modernos. “Así habló Zarathustra” fue el título del famoso libro de Nietzche y de la más famosa aún sinfonía de Richard Strauss, inmortalizada a su vez por la película “2001 Odisea del Espacio”, en el momento más glorioso de toda la historia del cine. Aquí va, imperdible

https://www.youtube.com/watch?v=1Q_VQM2IFGk

Irán entonces es un país como tantos otros. En fútbol somos mejores que ellos, en deportes olímpicos, ellos son mejores que nosotros. Ser iraní no es necesariamente algo malo como lo pintan hoy las pantallas. Durante 23 años ningún juez, ni fiscal argentino fue capaz de encontrar a un solo responsable de los hechos, hoy de público conocimiento, ni argentino, ni iraní, ni colombiano, ni checoslovaco. Entonces esto no es más que circo mediático. A los que quieren ver presa a la ex -  presidenta, no les importa si la acusan de poner una bomba, de hablar con iraníes, o de matar a Kennedy, la causa está caratulada como “algo se nos va a ocurrir”. Si el bravo Bonadío quisiera resolver el atentado ya saldría para Irán con un patrullero a cazar a los supuestos responsables al grito de “a ustedes los voy a hacer repimporotear en el calabozo”.

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