El legado de Santiago Maldonado al pueblo argentino

24 October 2017

El nombre de Santiago Maldonado fue protagonista excluyente de las redes sociales en los últimos días. Los debates en torno a su figura dejan un saldo positivo, en el cual salió fortalecida la cultura democrática y el respeto por los pueblos originarios. 

 

Existen dos Santiago Maldonado. Uno es la persona privada, que tenía una vida con su familia, sus amigos y conocidos. No sabemos nada de esta persona, salvo que su familia tiene el mismo dolor que cualquier familia ante una tragedia. El otro Santiago Maldonado es la persona pública, la que en estos largos días de debate nacional, recibió muestras de cariño, de homenaje, de burla, de odio, de rabia de distintos sectores de la sociedad. Cada argentino construyó un Santiago Maldonado a su gusto.  No se puede decir que uno es real y el otro no, los dos son reales. Pero el segundo Santiago Maldonado, el que protagonizó y movilizó a la opinión pública durante tanto tiempo, dejó importantes enseñanzas a la sociedad.

El primero que aprendió una lección fue el gobierno. Cuando comenzaron las denuncias por la desaparición del joven, ministros y funcionarios ningunearon el asunto con desdén, era cosa de zurdos, de indios, de piqueteros y la gente “importante” no se ocupa de eso. Pero al pasar los días, el tema les explotó, justo donde más le duele, en las redes sociales. Este gobierno puede tranquilamente ignorar una manifestación de cien mil personas en la calle, porque piensa que… bueno no sé lo que piensa. Pero a las redes sociales no se las toquen, los asesores presidenciales piensan que ahí es donde se disputa el poder. Cuando pasó esto, Cambiemos cambió. Cuando vieron la enorme repercusión que tuvo el tema (todo medido según hashtags, trolls y todas esas armas de la militancia posmoderna), salieron a hablar, atendieron a la familia y al menos hicieron un poco de apariencia de investigación. Ojalá no vuelva a pasar nada como esto, pero si pasa, la próxima vez el gobierno seguramente se lo va a tomar con más respeto.

La sociedad también aprendió una lección. Todos los que opinaron en las redes sociales insultando al pibe, recibieron su respuesta de otras personas. Los comportamientos sociales van cambiando, quien obra mal siempre recibe un llamado de atención. Y aunque no hay leyes por escribir barbaridades en las redes sociales, quienes tuvieron expresiones discriminatorias tuvieron su sanción social, en la simple respuesta de otros que los pusieron en su lugar.  A todos los que no lo sabían, alguien se ocupó de explicarles que cada vida es sagrada y que cada persona tiene derechos que la Constitución nacional obliga a respetar y a garantizar su cumplimiento. Quedó claro que, los que pensaban que un muchacho por ser artesano y viajero no tenía esos derechos, estaban equivocados.

Quedó claro también que las fuerzas de seguridad están para proteger los derechos humanos, no para atacarlos. Hasta los periodistas militantes fundamentalistas del gobierno, reconocieron el mal papel de estas fuerzas en el caso.

Y por último, pero tal vez más importante, Santiago Maldonado, el de las redes sociales, el pibe sonriente de las fotos de la televisión, nos enseñó que los Pueblos Originarios tienen las culturas más valiosas de América Latina y de nuestro país. Porque en esta sociedad pluricultural todas las culturas merecen respeto, pero las culturas originarias sufrieron constantes agresiones y ataques, desde la llegada de los europeos con su sed de oro, hasta la formación de los estados nacionales, con su sed de tierras para el mercado internacional. Y a pesar de todo, los pueblos originarios siguen vivos, su lengua, sus tradiciones, su cuidado religioso de la naturaleza, sus enseñanzas ancestrales, sus técnicas de tejido, de cultivo y de trabajo. Cuando nos estábamos olvidando de los pueblos originarios, Santiago Maldonado nos recordó que están ahí, que siguen vivos y luchando.

No sabemos quién fue Santiago Maldonado como persona privada, pero el Santiago Maldonado público nos hizo mejores, dejó enseñanzas que la sociedad debería tener en cuenta. Es un legado más valioso que pudieren dejar muchas otras personas, privadas o públicas.

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