Cuando la propia política es antipolítica

04 September 2017

Luis Melnik es uno de los grandes maestros de la publicidad en la Argentina. En sus libros reflexiona sobre el rol de la publicidad en la sociedad actual, lo que lo lleva necesariamente al terreno de la política. A continuación, citamos un párrafo que sirve como disparador para ayudar a pensar la situación de la política argentina actual.

“La pasión principal de los candidatos, y luego de los que ejercen la política, es denigrar al rival. Todo lo que hacen y prometen los otros es pura basura. El gobierno anterior es responsable de todo lo que hace mal el actual. Las herencias son muy pesadas. Las torpezas las cometen los rivales. Mitad del discurso siempre está dedicado al oprobio; a la denigración de la historia personal del rival de turno. Todo lo corrupto pertenece a la parte de la política que él no integra. Hasta que luego, el otro le endilga, cuando cambian los lugares, de los mismos nefastos.

Supongamos que tal cosa hubiese ocurrido en la actividad empresarial. Que una línea aérea hubiese dedicado mitad de su presupuesto a insinuar que si se volaba por el competidor existía la posibilidad de que el avión se estrellase. O que, si se bebía la otra bebida, la borrachera sería inaguantable. O que, si se adquiría el auto opositor, seguramente se terminaría en un sanatorio tras el choque, por la escasa seguridad que tal vehículo proporcionaba a sus incautos conductores. Que aquel alimento podría producir intoxicaciones y esa otra crema de belleza, arrugas y pruritos. Si tal cosa hubiese ocurrido, la gente hubiera sentido miedo por el vuelo, no por tal compañía. Rechazo por la bebida y terror a los autos. Empresas que invierten billones de dólares en publicidad saben que obtienen resultados por esos depósitos. Pero jamás cometerían el desatino de atacar al genérico”

Luis Melnik, “La publicidad, principio, medios, fines”. Ediciones El Cronista. 1992.

Hoy en nuestra Argentina, todo el debate político se basa en la destrucción del adversario, sin hacer prácticamente ningún intento por mostrar las bondades de la propia propuesta política. Cuando Melnik escribió este libro no existían aún las redes sociales, poderosa caja de resonancia que llevan la vieja discusión política del café a rincones insospechados, con la impunidad que da el hecho de no tener al adversario delante.  En los últimos días la discusión política está subiendo de tono de una manera, digamos, riesgosa. Cuando todo el empeño se pone en descalificar, insultar, anular al que piensa distinto, casi sin darnos cuenta, pasamos a convalidar la eliminación física del otro. Esto ha pasado en países como Ruanda, Camboya, Yugoslavia y yendo un poco más atrás, en Alemania, donde las diferencias políticas coyunturales destruyen la convivencia pacífica de muchísimos años, generando terribles matanzas. Ahora que lo pienso ¿en Argentina no pasó algo parecido alguna vez? Así de desmemoriada es nuestra memoria política.

La agresividad contra el partido político al que no pertenecemos nace por una sola causa: el miedo a tener que elegir. Elegir da mucho trabajo, siempre, en cualquier ámbito de la vida, ya que nunca existe la opción perfecta. Pero elegimos la propuesta por muchas causas, por la historia, la pertenencia, la cultura, personas que desde el ámbito público o privado nos han inspirado confianza, en fin, muchos elementos que nos forman en ese concepto tan equívoco que conocemos como ideología. Una vez que tenemos este conjunto de ideas y creencias, elegimos la propuesta que creemos más cercana a nosotros, aun sabiendo que el grupo de personas que la integran incluye a corruptos, oportunistas y rufianes de toda laya. Pero también vemos ideas que nos identifican, y que no podemos ir contra ellas, ideas con las que nos sentimos identificados, que son nuestras ideas y que vale la pena hacerse cargo de ellas y es lo mejor para el país, a pesar de todas las contradicciones.

Tomarse el trabajo de elegir una propuesta política es complicado, pero hay una opción más fácil. Elegir un enemigo es bastante más sencillo porque los defectos y errores de los políticos y de las organizaciones políticas están mucho más visibles, por la misma razón que contaba Melnik en el párrafo anterior. Existe un malvado absoluto, en cualquier momento tengo al alcance de la mano la lista de calamidades que ese personaje encarna, entonces, lo único que tengo que hacer es votar en contra de él. Los medios de comunicación están ahí siempre para decirnos lo malas que son todas las opciones políticas, ya que la noticia es, básicamente la mala noticia. No está mal, es un criterio de elección válido, el problema es que cuando los políticos se dan cuenta de que la gente elige de esta manera, se olvidan de hacer propuestas, de fijar sus referencias históricas, de mostrar sus ideas y su pertenencia y dedican todo su tiempo a destruir a los adversarios. Los adversarios hacen los mismo, y la agresividad crece y crece y así es como el tema termina perjudicando a la convivencia democrática.

Una de las pocas cosas en que todos los argentinos estamos de acuerdo, es que los golpes de estado, las revoluciones fallidas, la violencia de todo signo, fueron perjudiciales para el crecimiento del país, también en lo económico. La continuidad democrática, con todos sus problemas, nos pone cada día un poquito más arriba. Pero con cada golpe de estado, retrocedemos veinte casilleros.

Si el criterio para hacer nuestras opciones políticas es elegir en contra del mal, tenemos que hacernos cargo de que todas las opciones contienen el bien y el mal en medidas diversas y depende desde donde se las mire. En la política no existen los absolutos. El lenguaje popular suele usar como figura del bien a la Madre Teresa de Calcuta, y no tenemos duda, de que esto es verdad, sin embargo, también tenía y tiene detractores, críticos o personas que simplemente estaban en desacuerdo con algunas de sus posiciones. Elegir una opción política implica saber que se van a recibir críticas, que se va a discutir, y sabemos que es mucho más trabajoso argumentar a favor de una idea que insultar al que está adelante.

No es raro que, en este contexto, la corrupción sea prácticamente el único tema que se discute en la campaña electoral. Se le llama corrupción a todo tipo de apropiación o desvío de bienes del estado hacia particulares que están a cargo de la administración del mismo, siempre que esta apropiación implique infringir alguna ley. La corrupción existe en todos los gobiernos, y es importante hacer mecanismos para que esta disminuya. Pero la corrupción es uno de los temas de la política y no toda la política.  Porque hay otros mecanismos de apropiación del patrimonio del estado además de la llamada corrupción. Gobernar básicamente es asignar recursos económicos de a un sector, y para eso hay que sacar esos recursos de otro lado. Si un gobierno elimina los impuestos para los sectores económicos altos, y decide obtener esos recursos por medio del endeudamiento externo, es una política de estado, es decir, técnicamente no se está cometiendo delito, aunque las generaciones futuras seguramente se preguntarán, quien nos robó.

No es cuestión de pensar que el debate político se convierta repentinamente a un lenguaje civilizado, convertirnos en Suecia o Dinamarca. Pero en estos días se está pasando el límite de la pasión política y se está cayendo en una fractura, con la sospecha de desaparición de una persona detenida por fuerzas de seguridad, con represión exagerada de manifestaciones, con intervención de personajes violentos dentro de esas manifestaciones. Es decir, hechos que muestran que del insulto se está pasando a la acción. Por otra parte los medios de comunicación empeoran la situación. Los mismos periodistas incentivan a los propios políticos a expresarse de manera cada vez más violenta. Afamados periodistas devenidos showmen de televisión, se comportan como bravucones, en vez de dedicarse a informar con sensatez. El recorrido de la democracia se encuentra frente a luces amarillas (de alerta y cuidado). Y volviendo al texto de Melnik, para la democracia necesitamos política y políticos. Podemos rezongar contra los políticos, pero en la Argentina, cuando no nos gobiernan los políticos nos gobiernan las dictaduras militares. Seguir con las campañas negativas, donde los políticos se la pasan hablando mal de la política, ya sabemos cómo va a terminar.  

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