La grieta no se podía tapar con globos

09 March 2017

Mientras desde algunos sectores se piensa que la política divide a los argentinos, en esta nota defendemos la idea de que discutir  más de política puede mejorar la convivencia social. 

Por Alberto Subiela

El mejor argumento que tuvo el espacio político Cambiemos para ganar las elecciones que lo trajeron al gobierno fue que el gobierno anterior había sembrado la discordia entre los argentinos, “crispación” era la palabra que se usaba. Así, en vez de explicar cuál iba a ser su política económica (que es lo más importante de un gobierno) se limitaron a criticar el estilo político del gobierno anterior, sus marchas y manifestaciones, sus cadenas nacionales, y sobre todo el estilo confrontador de la anterior presidenta y de algunos de sus funcionarios, que frente a las dureza de las críticas que se le hacían desde algunos sectores, salían a contestar con la misma o mayor dureza. A esta supuesta división, los medios de comunicación le llamaron “la grieta”. Los discursos del candidato Macri, de un tono apocado y gris, sin definiciones políticas, sin afirmar nada, y por lo tanto sin negar nada, causaron buena impresión en un sector importante de gente, un poco cansada del clima de efervescencia política de los años anteriores. Así logró triunfar en las elecciones, y así también logró triunfar, de manera muy sorprendente, la candidata a gobernadora de Buenos Aires de Cambiemos. La descalificación de la política y de los políticos siempre “garpa”. Mostrarse como gente dedicada a la gestión sin perder tiempo en discusiones ideológicas le permitió a este espacio dar una imagen de que la “grieta” se había cerrado, que a partir de su llegada al poder ya no habría discusiones políticas, solo diálogo y unión nacional.

Pero esta semana algo cambió. Tanto el presidente como la gobernadora y sus principales funcionarios se mostraron ofuscados y se dedicaron a descalificar y criticar a sus opositores, principalmente del campo sindical. Pero los que verdaderamente perdieron la chaveta fueron los medios de comunicación corporativos. A través de la televisión y haciendo un uso industrial de las redes sociales, desataron una campaña de insultos y calumnias contra todos, principalmente contra el sector docente, con una rabia que rompe de manera drástica el clima de paz, concordia y unión nacional que pregonaba el presidente antes y un poco después de ser electo. Como ejemplo podemos ver lo que pasó con el principal referente sindical docente, Roberto Baradel. Durante años fue un personaje menor para los medios de comunicación, al que algunos periodistas entrevistaban cuando había alguna huelga, pero nadie opinaba sobre él. En este 2017, esto cambió, recibió amenazas, lo insultaron y calumniaron como si fuera Osama Bin Laden el 12/9 del 2001. Usaron todos los medios con que cuentan las grandes corporaciones, que defienden al gobierno por motivos que no son parte de esta nota. El efecto fue paradójico, por un lado convirtieron en una estrella a un personaje que había estado muy cerca de perder las elecciones en SUTEBA. Y por el otro lado, todos los docentes se sintieron ofendidos por la catarata de insultos que los simpatizantes del PRO descargaron a través las redes. La grieta entonces sigue viva, está en la sociedad y no es tan fácil eliminarla solo con discursos vacíos.

¿Hay alguna enseñanza en todo esto?  Creemos que lo que falta es discusión política. Parece confuso, ¿no era que todas estas peleas son culpa de la política? Sí y no. El problema viene justamente de la negativa a hablar de política. El que observa los mensajes de las redes sociales podrá ver que casi nadie habla en positivo defendiendo o explicando sus ideas políticas, su proyecto y sus sueños colectivos. Todos estos mensajes se limitan a criticar y calumniar al que es del otro partido. Ni siquiera se ocupan de analizar las ideas del opositor, directamente al otro, al distinto se le niega la calidad de sujeto político, si es peronista va por el choripán y si es del PRO es gorila. Sabemos que Macri adoptó este estilo de negar la política por disposición de su asesor Durán Barba, que como todo publicista, está convencido de que la política es un producto que se vende solo con marketing e imágenes.

Es justo que en un país haya distintas ideas políticas, y la esencia de la democracia radica en reconocer al otro el derecho de pensar distinto, y hasta incluso, en pensar que tal vez, muy en el fondo, tenga un poco de razón en algunas cosas. Con esto no quiero caer en el relativismo tan en boga, al contrario. Una persona forma sus ideas políticas como fruto de todas las experiencias que va teniendo en la vida. Así termina sintiéndose cercano a un proyecto político con el que se identifica. Pero estos proyectos políticos nunca son “un libro cerrado”, todas las ideas tienen sus contradicciones, hay luchas internas y a veces no estamos de acuerdo con las personas que lideran esos espacios. Pero lo más positivo que le podría pasar a nuestra política sería que cada uno comience a hablar a favor de las ideas que defiende y olvidarse de poner motes y apelativos al que piensa distinto. Y tener siempre claro que la Verdad absoluta no la tenemos nosotros y tampoco la tiene el adversario. Aunque defendamos nuestras ideas con pasión, no olvidar nunca que tal vez el otro tenga alguna parte de razón.

En todos los países con democracias estables hay izquierdas y derechas. Aunque todo es muy cambiante, las izquierdas se fundamentan lejanamente en el pensamiento socialista y la derecha tiene su origen en el pensamiento liberal.  El problema es que acá el gobierno, es decir, la derecha, por algún motivo no quiere decir lo que piensa. Tal vez esto pueda sonar raro, pero en este momento se debería rescatar la honestidad intelectual de Alvaro Alsogaray. En lo personal no estamos para nada de acuerdo con las ideas del viejo capitán-ingeniero, pero toda su prédica política siempre se basó en defender las ideas del liberalismo económico, con argumentos muy sólidos y con su proverbial desapego a todo tipo de demagogia.

Esta semana el presidente Macri se enteró de que los discursos insípidos y sus vagas apelaciones a estar “todos juntos” no sirven para nada. Si respeta al pueblo argentino tiene que explicar y fundamentar su política económica neoliberal y cada una de sus medidas. Y los grandes medios de comunicación tendrán que esforzarse un poco para parecer neutrales, o por lo menos, no estallar en exabruptos si aparece alguien que dice que la política económica del gobierno anterior le parece razonable.  Y por el lado del gobierno anterior, hay casos como el famoso programa 678, que también cometieron excesos, espantando a gente que podría haber estado cerca del gobierno y convirtiéndola simpatizante de Macri, sobre todo en el campo intelectual (ahora me acuerdo, por ejemplo, de Martín Caparrós y Juan José Campanella).

No se trata de ser, como pueden pensar algunos, más “civilizados”, la primera potencia mundial también tiene un nivel de discusión bastante berreta. Se trata de pasar de la negación a la afirmación. Que cada uno se concentre más en lo que quiere y menos en lo que no quiere, para nuestro país.  

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