Obreros y profesionales de la tiza

07 March 2017

Notas sobre la jornada de protesta de ayer en Mar del Plata, mezcladas con algunas reflexiones sobre la docencia y con los dichos de un señor macrista.

Por Francisco Costantini

Ayer marché. Estuve en Mitre y Luro a eso de las 10:15 de la mañana, donde ya estaba instalada la izquierda marplatense —o parte de—, sus banderas rojas, sus bombos, sus megáfonos, sus cantos.

Primero me encontré con un ex compañero de la facultad, intercambiamos un par de palabras. Entre ellas, dijo que le parecía que había poca gente. No respondí porque, la verdad, tengo poca experiencia en movilizaciones docentes. Igual pensé que quizás muchos estarían en Buenos Aires, en la Marcha, así, con mayúscula.

Con la excusa de que iba a sacar un par de fotos me aparté, la charla había muerto ahí. Tomé ese par de fotos y luego me encontré con una amiga, con la que prácticamente estuve hasta que terminó todo. Luego me fui cruzando con otras compañeras de trabajo. Incluso con un grupo eufórico de maestras de una escuela privada en la que trabajo —con las que irremediablemente me saqué una selfie—, que me contaron del intento, acaso presión, del representante legal para que no se adhirieran al paro, o al menos sólo lo hicieran hoy, martes, y no el primer día de clases. Bueno, ahí estaban las maestras, defendiendo lo suyo, lo nuestro, lo de todos.

No soy bueno para recordar cánticos, pero entre la variedad que se entonó ayer uno mencionaba a los “obreros de la tiza”. La frase me quedó. Obviamente no es nueva, pero me impactó. Sobre todo porque me puse a pensar en la opción de la palabra “obreros”, con todo su peso; yo, si hubiese sido el compositor de esos versos, hubiera dicho “los profesionales de la tiza”. Es decir, está claro que somos trabajadores y sé todo lo que eso significa, sobre todo a la hora de sostener una lucha, pero, además, nos formamos estudiando cinco años o más, en terciarios o universidades, y de eso tienden a olvidarse los políticos cuando nos menosprecian porque —según ellos— trabajamos cuatro horas tan solo, y esa concepción desacreditadora corresponde tanto a Cristina Fernández como a Mauricio Macri y sus secuaces.

Hace poco un señor macrista con quien coincidí misteriosamente en tiempo y espacio, justificó nuestros bajos salarios no sólo porque trabajamos apenas cuatro horas, sino porque tenemos vocación, y que si no, en todo caso, deberíamos buscar otro empleo. La ecuación parece simple: a mayor vocación, menor salario. Por eso los políticos están llenos de guita: carecen de vocación. Increíble cómo en una sola frase se revela toda una ideología. Además, el señor macrista me dijo que la mayoría de los docentes se dedican a la docencia porque era una forma fácil de conseguir trabajo. Ahí nomás pensé en todo lo que tuve que estudiar para ser profesor en Letras, las horas leyendo, escribiendo, rindiendo finales. No le dije eso, pero sí que el nuestro no era un curso de un año al final del cual nos daban un arma. Después el señor macrista dijo dos cosas que, seguramente desde su punto de vista, deben ser los argumentos irrebatibles de por qué los docentes somos unos vagos; primero, que las maestras se embarazan en junio/julio para tomarse licencia en marzo; y luego: “¿Por qué no hacen huelga en enero?”, lanzó. No supe si me estaba tomando el pelo o era realmente estúpido, el señor macrista.

En fin, me parece importante destacar que somos profesionales además de obreros, porque si no solo estamos defendiendo una faceta de nuestra tarea diaria, de nuestra formación. Dicho de otro modo: con la voluntad no alcanza para pararse en un aula frente a cuarenta chicos

En Mitre y Luro, después que llegó Ate, hubo un discurso y se cantó el himno, el grupo que había estado allí desde las 10 marchó por el centro. En el camino muchos de los transeúntes nos eran indiferentes, aunque hubo varios que desde la vereda se sumaban a los cantos y aplausos, incluso vi a una chica joven, de no más de 20 años, que desde el costado aplaudía y lloraba.

Cuando terminamos el recorrido en el lugar de partida y me fui, me di cuenta que más allá de las protestas y de la cruda realidad que vive la educación en nuestro país, en la movilización todos parecían contentos cantando, bailando, haciendo palmas. Debe ser que cuando uno tiene una convicción y lucha por ella, a pesar de todo, la liberación que eso provoca —pienso en las maestras que desoyeron al representante legal— genera una irrefrenable alegría.

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