Chile Chico: La otra historia de Batán

12 August 2017

Entrevistamos a Lucho Contreras, vecino de Batán de toda la vida y referente de la comunidad chilena de Batán. Además comentamos algunos tramos del libro “Chile Chico” que tiene muchísima información valiosa para la memoria del pueblo de Batán, pero que también es una obra de interés para todos, por estar tan bien escrito y producido.

por Alberto Subiela

 

En Batán casi todos conocen a Lucho Contreras, y el “casi” va por el lado de los muy jóvenes, o de las familias nuevas que se han afincado en la zona en los últimos años. Los demás no solo lo conocen, sino que lo tienen presente como incansable organizador de campeonatos de fútbol y de todas las fiestas que tienen que ver con la identidad chilena, además de gran hacedor de empanadas.

Gran parte de su vida la dedicó al club “18 de Setiembre”, histórica institución de Batán cuyo nombre conmemora la fecha patria de la nación trasandina, de la que es oriundo. La charla comienza justamente por la cuestión de los nombres del barrio, “Don Pepe Casaliggi le alquila a los Batán el comercio, que es el local donde ahora está la escuela Caraludmé (ruta 88 entre calle 37 y calle 39). Y le llama la atención el nombre, entonces le pone a su almacén, Casa Batán. Y en ese almacén la gente de las estancias venía a comprar y a buscar las cosas que encargaba. Era almacén de ramos generales, había de todo y traían hasta el correo, y la gente se acostumbró a decir, vamos a Batán.”

Para quienes no conocen, la ciudad de Batán es lo suficientemente grande como para tener distintos barrios. El barrio donde se estableció la gran mayoría de los inmigrantes chilenos, lleva por nombre “Villa Gustava”. A ese nombre también se refiere Contreras, “la dueña de esas tierras era la señora Gustava Wolfenson, y cuando accedió a vender los terrenos para el loteo, lo hizo con la condición de que fuera un barrio parque, o una villa, como se le decía en ese entonces”. Pero como se sabe, los que hicieron el loteo no solo no cumplieron sino que cometieron irregularidades a través de la firma Citymar y todavía hoy muchos de los vecinos que viven ahí desde hace cerca de sesenta años, todavía no pueden tener escritura de sus casas.

Pero Lucho Contreras lleva bastante más tiempo en Batán, “yo llegué a Batán a los 4 años, así que hace setenta años que vivo acá en este mismo lugar. Hice la escuela primaria en la 7. La escuela 7 ya estaba en el mismo lugar donde está ahora, porque antes estaba por donde está la VTV. Estaba construida solo la primera parte, después se empezó a agrandar para atrás”.

 

En el momento, Contreras nos muestra la primera de las fotos que ilustra esta nota, y que muestra a un grupo de niños posando felices junto a la maestra, “esta es Susana Videla, Palacio, que falleció hace poco, el vasco Alvarez, Velo, Díaz, Maumus y estas son primas de  Pepino el panadero, y acá está Luis Etchegoyen”.

 

Mientras nombra a sus compañeros de escuela también recuerda que su paso por la escuela fue bastante accidentado, “acá tengo otra foto, pero estoy cambian los compañeros porque yo estaba en un grupo que repetíamos de grado, así que terminamos, terminamos grandes”. Sin embargo, su segunda etapa en la educación se reivindica, “donde está ahora el centro de jubilados, antes era un taller, y en una época Baldoni instaló una escuela técnica. Nosotros estudiábamos mecánica. En la foto están: Baldoni, Marti, los chicos de Baldoni, Videla, Ponce, Aguayo, Basso, Della Santina y Emilio Larraya (entonces presidente de la Cooperativa, entidad propietaria del lugar)”. Agregamos aquí, que ese instituto inaugurado por el profesor Rubén Baldoni, es el que posteriormente se convirtió en la Escuela de Artes y Oficios y luego, en la Escuela de Formación Profesional nº7. Durante muchos años el establecimiento, aún bajo gestión municipal, siguió funcionando en el edificio de la Cooperativa Batán."  

 

Seguimos con el relato de Lucho Contreras, “se estudiaban varias cosas, mecánica, hojalatería, pero también había que estudiar historia, matemática. En general en todo eso fui el mejor alumno. El estudio duró tres años y al terminar Baldoni me llamó y me dijo que como había sido el mejor alumno me podían hacer entrar en la base naval para seguir la carrera de mecánico. Me dijo que lo único que tenía que hacer era nacionalizarme argentino, y ellos me hacían todos los trámites. Y yo como era un poco rebelde le dije que yo soy chileno y voy a morir chileno”.

 

El orgullo chileno es algo que no se puede disimular en toda la comunidad chilena de Batán, y Lucho Contreras lo explica de la siguiente manera: “Chilenos, bolivianos, argentinos, todos somos seres humanos. Por ahí si lo pienso, ahora a lo mejor hubiera aceptado pero cuando uno es joven y rebelde quiere seguir con lo suyo. No importa la nacionalidad, lo importante es que uno tenga buenas acciones, que no ande robando ni peleando, uno tiene que ser siempre el que es”.

Y llegado el momento de hablar de la nacionalidad chilena y sus características, aparece en la conversación el libro “Chile Chico”, una edición que quien esto escribe había visto de lejos alguna vez pero nunca había podido leer, porque los pocos ejemplares que se han editado son difíciles de encontrar. Contreras no solo nos presta  el libro, sino que nos cuenta los detalles de su nacimiento: “Al club siempre venían asistentes sociales, para ayudar en distintas cosas. Y vino un muchacho, Pablo Larrea que había estado en Estación Chapadmalal. Y con la charla salió la idea de hacer algo recordando la época en que vinimos, porque entre el año 60 y el 65, en Batán éramos más chilenos que argentinos. Así que tuvimos unas charlas, sobre Villa Gustava, y después empezamos a recorrer las casas de los vecinos para que cuenten su historia. Y después todos querían que vayan. Decían, cuándo van a ir a mi casa. Una vez que juntamos todo hicimos un bosquejo, un borrador”. Pero faltaba un paso bastante difícil, financiar la impresión, “fuimos al consulado a pedir recursos pero no había, hasta que apareció DICOEX un organismo del gobierno de Chile. Y ellos ayudaron y pudimos imprimir 200 libros. Los regalé todos, apenas pude rescatar este. Dejé uno en cada lugar, por ejemplo en la Delegación, pero cada vez que había un delegado nuevo, tenía que llevarle otro. El libro cuenta la historia de los chilenos, como llegaron, como vivieron, la historia de cada chileno”.

 

Mientras hojeamos el libro “Chile Chico” como un raro tesoro, Contreras nos cuenta algunas breves muestras de todas las historias que allí se narran, sobre las familias chilenas de Batán y las peripecias que tuvieron que pasar para llegar a este nuevo destino donde construyeron su vida, ”los chilenos vienen todos del sur, de la zona de Valdivia, Temuco. Acá los buscaban a los chilenos para trabajar porque eran expertos en explosivos. Y los que ya estaban acá le escribían a los de allá para decirles que acá había minas a cielo abierto. Allá todas las minas eran debajo de la montaña, minas de metales, oro, pero todo eso se trabajaba bajo tierra, así que venir acá era algo nuevo, trabajar al aire libre”. Pero el viaje y el trayecto no iba a ser nada fácil en ninguno de los casos, y aquí Contreras da como ejemplo, la historia de su familia, “Muchos de los que venían pasaban por la aduana, otros esquivaban la aduana. Mi padre esquivó la aduana, como hizo no se, yo tenía uno  o dos años y cruzamos por San Martín de los Andes. Allá se cruzaba por el lago Lacar seguramente en bote. En esa época no había tanta vigilancia ni tecnología para ver un movimiento. Mi Papá se vino con mi Mamá, y con nosotros cuatro hermanos, una se quedó en Chile y uno falleció, éramos seis hermanos, yo era el más chico. Yo recién fui a conocer Chile a los cincuenta años y me enteré un poco más la historia de mi familia”.

¿Cuándo llegaban a Batán, conseguían trabajo?

Cuando llegaba la gente, acá había mucho trabajo, en la cantera o en la papa, que antes acá valía mucho. Nosotros antes, en el campo este que está acá atrás, ahí siempre era papa o choclo, por allá trigo. Eso en Chile es difícil, hay poca tierra, es todo montañas, no hay tierra negra como acá. Así que comíamos papa y choclo, porque abundaba en la zona. Y en donde también conseguíamos trabajo era cuando se estaban haciendo los entubamientos, los zanjeos en obras, y en el zanjeo el chileno era muy bueno porque allá hay poca tierra, casi todo es piedra y cuesta más, asi que acá era más fácil. Por eso nos buscaban, pero teníamos mala fama. Decían que éramos borrachos, peleadores y hasta asesinos. La gente decía, no vayas a Batán que están los chilenos. Cuando yo estaba en la comisión del club, siempre tenía que ir a Mar del Plata para alguna reunión, y salía ese comentario”.

¿Y Usted también jugaba al fútbol?

Yo jugué también al fútbol, en esos años los campeonatos eran grandes, hasta liga había en Batán. Yo siempre hacía trabajo de secretario, llenando las planillas, había como 18 equipos en Batán, y se decidió hacer una liga con carnet y todo, con referís de la liga, y hasta se vendían los pases. Si un jugador cambiaba de equipo el otro equipo tenía que pagar, si eran cien pesos, cincuenta era para el club que lo dejaba y los otros cincuenta para la organización de la liga. Hicimos muchas cosas, lástima que se perdió todo eso”.

¿Y a qué trabajo se dedicó todos estos años?

Yo toda la vida trabajé de albañil, en la construcción. Mi Papá siempre trabajó en la cantera, cargando la piedra a mano, con los dedos todos lastimados. Se envolvían los dedos pero igual, las piedras grandes había que cargarlas a mano. Ahora hay palas y máquinas, pero ellos trabajaban de marroneros, con el marrón le daban a las piedras grandes y las hacían chicas para cargarlas. El trabajaba en la cantera Vasicci, al lado de Los Curros. Era una cantera chiquita, ahí cargaban las vagonetas. Hay una laguna también ahí pero después se abandonó esa cantera, porque después compró todo Latuf, el dueño de Los Curros. Y después trabajó en la cantera Yaraví la que está al lado de Dazeo, ahí estuvo muchos años y ahí se jubiló”.

Entre la gente que vino de Chile, ¿alguien vino por motivos políticos?

Mucha gente vino de Chile por temas políticos, cuando pasó lo de Allende. Los que tenían conocidos o familia acá se vinieron. Después algunos volvieron cuando se tranquilizó un poco. Allá muchos habían dejado su tierra, porque cuando fue el golpe de estado no lo pensaron dos veces, agarraron lo que tenían y salieron. Acá había algunos paisanos que eran comunistas y se reunían y asociaban a los vecinos. Una vez se llevaron preso a mi viejo que no entendía nada de política, metieron presos a muchos, eran como veinte. Estuvo pocos días y lo soltaron”.

Pero un paisano que se llamaba Juan Rodríguez está desaparecido. Él se escondía atrás de su casa, pero un día llegaron los policías y no pudo escapar, se llamaba Juan Antonio Gavilán Rodríguez”.

¿Y cómo está ahora el Club 18 de Setiembre”

Ahora el club 18 está cerrado, quisimos volver pero tuvimos algunos problemas con la gente que ahora está a cargo. Hace como tres años que no voy, y eso que está a media cuadra. Uno pasó tantas cosas ahí. Muchos me dicen,- Lucho tenés que ir-, pero no quiero, a esta edad andar en eso. Nosotros, toda la vida con mi señora estuvimos en las fiestas haciendo empanadas, haciendo esto y lo otro”.

Usted también estuvo cuando se hizo la plazoleta de la amistad argentino - chilena

Yo no recuerdo bien la fecha, pero esa plaza se empezó a hacer por el ’80. Yo estuve 14 años como presidente del club 18. Había una iniciativa para traer algo y después se tomó ese lugar para, todos los 18 de setiembre izar la bandera y todo eso. La independencia de Chile fue en 1810, así que fuimos independientes antes que ustedes. Muchos me preguntan porqué se festeja dos veces la independencia, el 18 y 19, es porque el 18 es el día de la independencia y el 19 la marcha militar. El día 18 se proclamó la independencia en Santiago, pero en el sur se enteran recién al otro día. Por eso en Chile los dos días son feriados, para hacer fiesta”.

Terminamos la charla comentando algunos tramos del libro “Chile Chico” que tiene muchísima información muy valiosa para la memoria, pero que además está muy bien escrito, y es una obra de interés, incluso para gente que no está relacionada ni con la comunidad chilena ni con la ciudad de Batán. Queda pendiente la búsqueda de una solución para poder hacer una reedición, ya que es una necesidad para las futuras generaciones, conocer sus orígenes y poder reivindicar la memoria de quienes tuvieron que trabajar muy duro para llegar a este presente. En estos tiempos donde se habla de diversidad cultural, hay que fortalecer todos los elementos de las culturas que enriquecen nuestro país, y la unión latinoamericana.

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