Rodríguez Games: “El funcionamiento de los servicios de inteligencia en la Argentina es un descontrol”

17 Enero 2017

Nicolás Rodríguez Games es especialista en un tema que a pesar de los años todavía nos retrotrae a las épocas de la dictadura militar: el espionaje y los servicios de inteligencia. En el programa radial El Prisma de radio Universidad mantuvo esta charla con Arnaldo Martínez y Miguel Angel Ratti, donde demuestra que es posible y necesario realizar cambios en esta área y que hay gente trabajando para ello.

El cargo actual de Rodríguez Gámes es el de subdirector del Núcleo de Estudios de Gobierno y Seguridad de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), es autor junto a Marcelo Saín del libro ¿EL GREMIO DE LA GORRA? – Trabajo y sindicalización policial: ejes para una discusión, de editorial Octubre. Ambos autores de esta obra están entre los principales referentes académicos sobre temas de seguridad. En la charla se refiere a las Jornadas realizadas por la Iniciativa Ciudadana para el Control de los Servicios de Inteligencia,  que contaron con la presencia estelar, por videoconferencia, de Edward Snowden, cuya exposición puede leerse (y recomendamos) en http://www.iccsi.com.ar/quien-tiene-las-riendas-el-gobierno-o-los-servicios-de-inteligencia-una-pregunta-de-edward-snowden-pone-en-perspectiva-un-debate-crucial-para-la-democracia/

¿Qué temas se trataron en las jornadas?

El objetivo de la jornada fue poner en la agenda pública y política lo que tiene que ver con el funcionamiento de los sistemas de inteligencia en la actualidad. Si bien no se puede hacer una analogía con lo que pasaba en los setenta, siguen en la misma oscuridad y con la misma falta de control que desde antaño. Los servicios de inteligencia en la Argentina son un verdadero descontrol porque el sistema político lo permite en parte por voluntad del poder ejecutivo y en parte por la permisividad y la inacción del poder legislativo. La jornada fue para invitar gente que sabe, gente experta, periodistas, gente como Snowden que se vinculan con el tema de los servicios de inteligencia, para difundir su opinión y tratar de mejorar este tema que nos preocupa tanto.

El objetivo de estas iniciativas sería hacer algo que no es democrático y convertirlo en democrático. ¿Sería algo así?

Todas las democracias modernas tienen sistemas de inteligencia, decir que no es democrático es describir lo que pasa en la Argentina pero la inteligencia forma parte de la democracia. Después queda discutir cuánta inteligencia con qué alcance. Eso es parte de una ley que fue aprobada por el congreso y no se cumple. Si se pudiera cumplir estaríamos hablando de un sistema democrático y horizontal y abierto a la ciudadanía que es lo que buscamos con esta iniciativa, que es lo que nos está faltando.

El problema es que siempre nos persiguen a nosotros, a los ciudadanos.

Primero creo que no debemos ser alarmistas y suponer que los servicios de inteligencia están por todos lados o tienen la capacidad de intervenir cualquier esfera privada. La verdad es que no tienen tanto poder. Los servicios de inteligencia no tienen capacidad real para intervenirle el teléfono a todo el mundo porque la AFI (Agencia Federal de Inteligencia)  ni siquiera tiene la tecnología. Pero lo que a nosotros nos preocupa y vos señalas también es la oscuridad, la falta de transparencia que es la que genera esa confusión, la falta de control y la no existencia de ningún tipo de datos. Es el cheque el blanco que le da el sistema político a los servicios de inteligencia, pueden hacer lo que quieran si total no le tienen que rendir cuentas a nadie de cuanto gastan, de lo que están haciendo, de qué tipo de personal contratan y eso es inadmisible en cualquier democracia.

Sí, esa es la sensación que tenemos todos. Podemos decir que Edward Snowden fue uno de los protagonistas de las jornadas.

Si, llenó el auditorio porque es una presencia muy atractiva, y lo que dijo estuvo muy bueno y sorprendió por el conocimiento que mostró acerca de la realidad argentina.

¿Él fue integrante de la CIA?

Si, fue empleado de la CIA y la NSA que es una agencia que interviene las comunicaciones y tiene una impresionante capacidad para eso. Después se fue de ambas agencias, fue contratista privado y en el 2014 en Hong Kong decidió poner en conocimiento las actividades que realizaba a dos periodistas y una documentalista. Ahora está asilado en Rusia. La verdad que fue muy bueno, tuvimos la oportunidad de preguntarle cosas y nos quedamos también con la tranquilidad de conciencia del diagnóstico, servicios de inteligencia fuertes sin ningún tipo de control son la principal amenaza para las democracias actuales.  

Por ahí el problema pasa por el tema del secretismo.

Nosotros sabemos que hay determinadas operaciones de intervención de los servicios de inteligencia de la policía que requieren de un grado de reserva confidencialidad o sigilo, eso no lo podemos negar. Si hay una operación en curso no podemos tener la miopía de querer conocer o divulgar la identidad de tal o cual agente. Eso es una cosa. El secretismo o la apelación al secretismo para que por las dudas se encubra o no se cuente nada es inadmisible. Apelan al secreto para decir que el presupuesto de la AFI es secreto, que la cantidad de gente que trabaja es secreta, que la cantidad de oficinas que tiene la AFI es secreta, cuando eso en cualquier lugar del mundo no es secreto. Las operaciones que realiza para el cumplimiento de tal o cual meta institucional puede ser secreta, ahora la meta institucional la debe publicar como la publica cualquier agencia pública a la que le pagamos los impuestos.

Los servicios de inteligencia cada vez crecen más en su presupuesto y cada vez son menos controlables. Esta tendencia ¿hay forma de ponerla en la agenda?

Nosotros apuntamos a impulsar y alentar a quienes tienen la responsabilidad institucional de hacerlo. Los servicios de inteligencia y el sistema nacional de inteligencia cuentan con un mecanismo de control que es una comisión bicameral fiscalizadora del sistema de servicios de inteligencia Esa comisión está integrada por senadores y diputados con representación política y es el instrumento idóneo para controlar todo esto. El problema es que se ha decidido que el que gana las elecciones tiene un cheque en blanco para hacer lo que quiera, cuenta con la complicidad del partido de oposición para no ser controlado. Sería fácil si cada legislador ejerciera su responsabilidad, ya que por tener un mandato de representación del pueblo o de la provincia podría ejercer un control.

Hace unos años Gustavo Béliz reveló la identidad de alguien de la SIDE y se tuvo que ir a vivir a Méjico y esto lejos de transparentarse se convirtió en una herramienta que crece y crece.

Sí, en las jornadas se habló de por qué pasa esto y las conclusiones fueron: que hay un redito o complicidad en este funcionamiento o que tienen miedo. La información con la cual trabajamos es muy deficiente, y el control parlamentario también es deficitario. Hay aumentos del presupuesto y no hay una explicación del porqué. El ministro de economía o el jefe de gabinete deberían justificar por qué hay más dinero asignado a inteligencia  y menos a educación o salud.

La muerte del fiscal Nisman estaría fundamentada en la investigación de los servicios de inteligencia. Ahí aparece Stiuso y toda una trama oscura. Cuando los periodistas expresan su temor tiene que ver con esto.

Otro gran problema del sistema de inteligencia nacional es que está orientado a la investigación judicial y eso es desconocer para qué está un servicio de inteligencia. Está para producir conocimiento para darle al poder ejecutivo información criminal o defensivo militar, para que realmente si considera el presidente que debe hacerlo, darle esa información al ministerio de seguridad o al ministerio de defensa para proteger a nuestro territorio o nuestros ciudadanos. Eso en la Argentina no ocurre, no ocurrió nunca y es más fácil y a los servicios de inteligencia les resulta más cómodo estar a la orden de la justicia para aplicar las herramientas, intervenir tal o cual teléfono o seguir a tal o cual persona. Y ese es el trabajo más rústico y menos democrático y este tipo de labores cuentan con el aval del poder judicial. En algunos casos habría que analizar el cumplimiento de la ley 25520 de parte de los servicios de inteligencia cuando se ponen al servicio de la justicia y no al servicio del poder ejecutivo.

El Señor cinco, como se denomina al jefe de la inteligencia, ¿tiene realmente poder sobre estos servicios, o ya no?

Si tiene capacidad de mando hoy no te lo podría contestar. Lo que sí hago es un análisis de lo que ocurrió en el último tiempo. El año pasado el poder ejecutivo publicó una ley que le cambió el nombre a la ex secretaria de inteligencia SIDE y le puso AFI y estableció una serie de parámetros en cuanto a la confidencialidad de los actos de gobierno de la AFI. Además de la modificación de la ley 25520 publicó en el mes de junio un decreto reglamentario que establecía una serie de parámetros y un régimen profesional para todos los que serían los miembros de los servicios de inteligencia. Ese decreto fue rápidamente derogado por el presidente Macri y se restituyó un decreto anterior, el 1088 que está inspirado en una idea de servicio de inteligencia como si el muro de Berlín todavía estuviera en pie, propio de la guerra fría. Este es un indicador bastante potente del para qué están las autoridades, para hacer que siga todo igual.  

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