50 años del rock nacional

12 February 2017

En estos días se están realizando recitales y encuentros conmemorando los cincuenta años del rock nacional. Hubo conciertos en el museo MAR de Mar del Plata, y el histórico festival Cosquín Rock estará dedicado a homenajear a los inicios de esta música apasionante y compleja. En esta nota hacemos una brevísima semblanza de este medio siglo de historia.

Por Alberto Subiela

El Rock and Roll sonaba en el mundo desde fines de los años cincuenta. La sociedad norteamericana empezaba a cansarse de la pacatería de posguerra y los jóvenes empezaban a sacudirse con el ritmo de Elvis y Little Richards. Pero la revolución iba a venir de Europa, más concretamente de un humilde barrio de Liverpool donde cuatro muchachitos de flequillo le “volaron la cabeza” a toda una generación. Las canciones de Los Beatles conmovían, enfervorizaban, hacían bailar y emocionarse a todos los jóvenes y al mismo tiempo los llevaba a romper con pautas culturales heredadas, la formalidad hueca, el “qué dirán”, las apariencias, la familia autoritaria.

En todo el mundo aparecieron grupos musicales de jóvenes que cantaban las canciones de Los Beatles. Pero hubo un solo país donde a algunos de esos jóvenes se les ocurrió hacer sus propias canciones  pero en el  idioma nativo y con sus propios rasgos culturales. Algo así sería el rock nacional, que nació con el primer disco simple de Moris y Pajarito Zaguri que se llamó, como no podía ser de otra manera, Rebelde. Poco después llegó “La balsa” de Lito Nebbia y Tanguito, que fue un gran éxito de ventas; el grupo Almendra de Luis Spinetta y otros grandes con su poesía exquisita; Manal, que incorporó el blues; después otros y así empezó todo.

Todos estos grupos tuvieron sus seguidores, aunque esos comienzos no eran fáciles. Primero se enfrentaban a la censura y a la persecución policial: muchos de los festivales de rock terminaban con todo el público abarrotando las comisarías. Pero principalmente, pese a su éxito, el rock nacional seguía siendo un movimiento subterráneo ignorado por los medios de comunicación de la época, que prefería difundir a los artistas de “Club del Clan”, más complacientes y aceptados por la sociedad conservadora.

Es difícil definir qué es el rock nacional. Alejandro Dolina escribió un cuento donde una convención de músicos debatía acaloradamente sobre qué era el tango. En ese imaginario encuentro apareció el bandoneonista Yves Castagnino diciendo “el tango es esto” y, tras tocar “El apache argentino”, se fue dando un portazo. Tal vez la única manera de definir y explicar lo que es el rock es a través de imágenes. Por ejemplo, recordar a Luca Prodan, que era italiano, hijo de un noble austríaco, venía de estudiar en Oxford, y llegó a la Argentina escapando de la heroína. Un día caminaba o, más bien, vagaba por las calles de Hurlingham junto a su amigo Petinatto, cuando se paró un rato a observar el cruce de la calle con las vías del tren, sin poder creer cómo los autos en la Argentina pasaban con las barreras bajas, lo que rápidamente lo inspiró para escribir la canción “Que me pisen”. El rock es Charly García cayendo desde un noveno piso, en la piscina del hotel. León Gieco, en su mejor momento, con la vuelta de la democracia en el ’83, cuando en vez de sacarle el jugo al éxito, desapareció literalmente de la escena musical para recorrer todo el país en la mítica gira “De Ushuaia a la Quiaca”. Javier Martínez, compositor de “Jugo de Tomate Frío”, la canción que más artistas han versionado, que jamás aceptó volver a reunir el grupo Manal, separado en 1971, pese a las buenas ofertas económicas, prefiriendo siempre mantener su independencia creativa, aunque eso significara ser un músico “under”. Y hablando del under, el rock nacional también son los míticos “hapennings” de “Patricio Rey y sus redonditos de ricota”, en pequeños pubs donde el show incluía los monólogos de Enrique Symms y expresiones artísticas diversas mientras sonaban las primeras canciones del Indio y Skay. Las peleas de Pappo y Miguel Abuelo, en la primera formación de “Los Abuelos de la nada”, donde el carpo reclamaba a sus compañeros que la banda se dedicara al blues, y la respuesta de Miguel Abuelo, “¿qué blues? Yo tengo una licuadora en la cabeza”, tras lo que siguió la obvia separación. También Cerati y Soda Stereo recibidos en Chile por multitud de chicas que aullaban de emoción de ver a sus ídolos. Parecidas imágenes se dieron ante la llegada de Babasónicos a México. Y si volvemos más atrás, la llegada de Moris a la triste España franquista fue otro momento memorable, sorprendiendo a los jóvenes con sus furiosos rocanroles.

Es que en la Argentina el rock nacional fue pionero. Hoy España y Mexico tienen escenas musicales tal vez más ricas y prolíficas que nuestro país, pero es un hecho comprobado que en esos países el rock en castellano nació por la influencia de los artistas argentinos. El rock no es solamente música, el rock es transformador por esencia, y cuando no queda nada por transformar, se transforma a sí mismo. Muta, cambia, sorprende siempre con ritmos nuevos, con sonidos que siempre “suenan raro”. Cabe aclarar que bajo el rótulo "rock nacional" incluimos también a los músicos de la otra orilla, Rubén Rada que le aportó el candombe y su humor, La Vela Puerca, el Cuarteto de Nos, la banda llamada No te va a gustar.

Parece mucho cincuenta años, algunos dicen que el rock está en decadencia. El secreto es abrir las orejas porque siempre está surgiendo algo nuevo. Siempre habrá músicos y poetas jóvenes (de edad o de espíritu) que no acepten lo que establecen los de arriba, sean las dictaduras de las décadas pasadas o sean los todopoderosos medios de comunicación actuales. 

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