Romper el muro. Un grupo de internos de la cárcel de Batán forma una cooperativa de trabajo

26 March 2017

En la Unidad Penitenciaria nº15 de Batán se está formando una cooperativa de trabajo, en un proyecto llevado adelante por funcionarios de la Secretaría de Promoción y Protección de los Derechos Humanos de la Municipalidad de General Pueyrredon.

Daniel Dermendyieff y Gisela Ponce integran la Dirección de Derechos Humanos del Municipio, y son los coordinadores del proyecto. En charla con Arnaldo Martínez y Miguel Ángel Ratti en el programa radial El Prisma que se emite por radio Universidad, explicaron la importancia de este proyecto, sus expectativas y las dificultades que han ido sorteando en el difícil camino, de formar una organización productiva en contexto de encierro.

El proyecto comenzó como parte de una capacitación sobre temas cooperativos, que incluía cine-debate y difusión de documentales, y de a poco fue gestándose la idea de formar una cooperativa, pensada como una herramienta de inclusión para las personas privadas de su libertad.

Daniel Dermendyeff, conoce a fondo la cuestión de la organización del trabajo en las unidades penitenciarias. “Hay una o varias unidades productivas dentro del penal que son empresas que con el tiempo se fueron instalando en la Unidad Penal nº15 de Batán y que fueron abriendo un espacio de trabajo donde las personas pueden ocuparse capacitarse aprender un oficio y también recibir un salario. Ese salario, más allá de lo que instalaron los medios de comunicación hace poco más de un año, es muy bajo. Además esas empresas no tienen ninguna sede fuera del penal, por lo que cuando el interno recupera su libertad se queda sin trabajo, obviamente sin ninguna indemnización y con el estigma de haber estado privado de su libertad”. El funcionario destacó que hubo varios intentos de romper con esa lógica, como el caso de la cooperativa Kabrones formada en la Unidad Penal 12 de Gorina, pero que recién se pudo conformar operativamente cuando todos los integrantes recuperaron su libertad. También destacó el caso del pabellón Fundamer, en el cual los internos hacen manualidades obras de arte, juegos para personas que son ciegas, productos que son donados a instituciones o comercializados por familiares de internos. Dermendyeff destaca que “en ese pabellón no hay violencia, hay más libertad, porque se le da dignidad a la persona”.

Más allá de todos estos antecedentes, lo que Daniel Dermendyieff y Gisela Ponce destacan de este nuevo proyecto, es la posibilidad de evitar que haya “un patrón que se aprovecha de la circunstancia para tener mano de obra barata y la posibilidad de no tener problemas laborales a futuro”. Además el proyecto está pensado para que la cooperativa funcione en forma de espejo, tanto adentro como afuera del penal. 

La idea fue fue elaborada por la Dirección de Derechos Humanos en forma conjunta con la ONG Sol de Mayo y el CEPE, y en principio se abocará a la producción de baldosas y bancos para plazas. Los autores del proyecto destacan la colaboración recibida tanto del Inaes como de la Secretaría de Acción Cooperativa y Mutual de la provincia de Buenos Aires, en especial de Mariana Delgado, delegada de cooperativas, que dio cursos a los integrantes y está asesorando en todos los trámites necesarios para conformar legalmente la cooperativa, trámites que son muy complejos porque no hay antecedentes de cooperativas conformadas en contexto de encierro.

A pesar de lo dificultoso del camino, Silvia Goyena destaca la riqueza de todo el proceso, por los debates, el entusiasmo generado en los participantes. En la cárcel, se usa la expresión “romper el muro” para describir ese momento en que renace la esperanza.

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